Hasta que me aburra de ti

Es lo que me contesta mi esposa cada vez que le quiero enseñar ajedrez y llevamos juntos más de treinta años, así que espero que de veras no se haya aburrido porque nomás no me acepta las clases. Ya hasta lo tomamos a broma cuando uno de los dos no quiere hacer algo que el otro sí. Se los cuento porque cuando otras parejas más jóvenes se enteran del tiempo que llevamos juntos se sorprenden y quieren saber cuál es nuestro secreto. Me gusta pensar que además de nuestro aguante, les intriga que por momentos parecemos una pareja de novios de manita sudada.

No es que llevemos la cuenta, pero el número ya empieza a llamar la atención y hasta nosotros nos sorprendemos del tiempo que llevamos juntos, por eso cuando nos preguntan no sabemos qué responder, volteamos a vernos y comienza un simpático diálogo de lo que cada quien cree que son las respuestas. Ya saben, empezamos con lo clásico de que, en las buenas, en las malas y en las peores, de que hay altas y bajas, de los períodos oscuros y luminosos, de que no es fácil y así por el estilo, pero ni nosotros mismos tenemos certeza de que nos ha mantenido unidos.

Lo pienso con calma y creo que es una mezcla de amistad, amor, atracción sexual, sociedad empresarial y compañerismo junto con otros valores como respeto, lealtad, fidelidad, protección, mucho sentido del humor y un gran compromiso mutuo para hacer que funcione. Claro que también ayuda que tengamos gustos en común: estar en casa, cuidar nuestras plantas, el buen comer, cocinar, el cine, hacer ejercicio, la convivencia familiar, mantener la casa limpia y en orden, la naturaleza, los juegos de mesa (excepto ajedrez), la sostenibilidad, una vida sana y ética, nuestros hijos y aunque ella no es tan emprendedora como yo siempre me ha apoyado en mis locuras y proyectos, es mi fan número uno y a su vez le admiro muchas cosas que a mi cuestan trabajo como su generosidad, paciencia y optimismo. Como dice ese famoso cliché: nos hacemos mejores personas el uno al otro.

También hay que mencionar lo que nunca hemos hecho porque sabemos que nos haría mucho daño, como cualquier tipo de violencia, una infidelidad, faltarnos al respeto o separarnos, ya sea por trabajo o problemas entre nosotros. De igual modo, la familia política es muy importante y desde el inicio hemos llevado una relación de mucho respeto y tolerancia hacia nuestras respectivas familias, a veces ha costado un poco de trabajo, pero igualmente hemos y se han cultivado hermosas amistades entre nuestras dos tribus originales. A eso me refiero cuando digo lo de hacer que las cosas funcionen, sobre todo cuando se trata de temas difíciles o incómodos u oscuros.

En estos días pandémicos de tanta incertidumbre en los que nos esforzamos tanto por vivir el momento y no dejar que el futuro o el pasado nos estresen, depriman o angustien, valoramos aún más eso de “un día a la vez”. Debería ser siempre así, pero nuestra ilusión de control e inmortalidad nos lo impide y en la relación con tu pareja es lo mismo, al menos en la mía. Recuerdo cuando todavía éramos sólo novios (ya somos esposos también), ella me decía “te amaré por siempre”, yo le respondía “hoy te amo, mañana no lo sé” y eso la enojaba muchísimo, pero estaba siendo muy sincero y sobre todo enfocado al presente, sin saberlo realmente en ese momento. Al pasar el tiempo, en cada aniversario platicamos de esto y mi respuesta de entonces se va entendiendo mejor porque aquí seguimos, juntos, un día a la vez. Aunque ella ya mejoró la respuesta, ahora ella me responde: “hoy te amaré por siempre, mañana no lo sé”.

Pues esta sería mi respuesta, a reserva de que lo confirmen con ella por supuesto y si un día nos ven jugando ajedrez ya saben por qué.



Publicado en el Blog de la UPP (Universidad Privada de la Península)
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